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viernes, 5 de agosto de 2016

Opinión: Géneros y Etiquetas

Por Armando González (Los Tercios)



#Pop&Rock
Desde mediados del siglo pasado la moda entre los artistas contraculturales o de vanguardia o de fusión era conjurar las etiquetas como a cadenas opresoras. La frase acuñada era “mi trabajo no se puede etiquetar…” o “soy un artista que desafía las convenciones, a los que tratan de etiquetarme y limitarme yo les digo que…” y cosas por el estilo. Súbitamente, internet mediante, las etiquetas obtuvieron el abolengo del hashtag anglosajón y ahora todos (artistas o no) corren a por la suya, se la ponen en la cabeza y se fotografían orgullosos. De golpe y porrazo ya no queremos ser irrepetibles, reclamamos nuestra etiqueta. ¿Qué pasó?

A veces creemos que como es ahora ha sido siempre, que Pedro Picapiedra era obrero del neolítico y compraba comida rápida. Yo personalmente creo que no siempre la música ha tenido géneros. Lo que sí ha sido una constante histórica es que los humanos tienen distintos estados de ánimo. Las culturas se inventan palabras y actividades para estos estados de ánimo, así, más o menos, supongo yo, en cierta cultura, cierto tiempo, cierto lugar, las gentes, cuando se sentían festivas o tenían motivos para festejar, reunían aguardiente, comida, techo y música, comenzaban a reír, beber, bailar y cantar, y a eso le llamaron joropo. “¡Póngase las alpargatas que lo que viene es joropo!” es una frase muy fuerte como para referirse solamente a unas melodías, esto apunta más bien a una noche épica, como lo tiene que ser, en sentido cabal, una noche de joropo.


#Música
Hablando de música, hubo un tiempo en que existían unos lugares conocidos como disco-tiendas. En esa época la música venía en una plaquitas sintéticas circulares que llamaban discos y eran compradas allí. En los estantes se apilaba la mercancía y uno se ubicaba en el local siguiendo unos cartelitos que ponían con los nombres de los “géneros”. Eran estos unas etiquetas (vaya coincidencia) que rezaban: “rock”, “salsa”, “merengue”, “jazz” y así. Eso, a nivel semántico, funcionaba muy bien con Amanda Miguel, con Porfi Jiménez o con cualquier intérprete cuyas canciones se parecieran lo suficiente entre sí. También funcionaba muy bien fuera de la disco-tienda, y así los habían que decían que eran punks, otros que decían que eran metaleros y otros que decían que eran salseros y así. Era como si el mundo tuviera cierto orden divino ejecutado en base a los planes de las disco-tiendas ¡qué maravilla! pero no, o no del todo.

La música construye y expresa estados de ánimo. La cultura y los individuos expresan esos estados de ánimo de maneras cada vez más complejas a través de productos culturales. El caso de la música es especial porque sus productos culturales están asociados a ritos sociales: hay tambores de Naiguatá para terminar la fiesta de matrimonio y hubo marcha nupcial para iniciarla, hay mariachis para el día de la madre y rancheras o boleros para la resaca de ese licor llamado amor. Así las cosas, las distintas músicas pudieran ser etiquetas de distintos estados de ánimo. Estoy seguro que cualquiera me entendería si le digo “hoy me siento como una canción de Chavela Vargas” ¡pobrecito!

#AtardecerLlanero
Desde que se puede vender música, así, industrialmente, se venden también estados de ánimo. “No vendas zapatos. Vende pies bonitos” es la vieja conseja de los publicistas. Hay que decir que los estados de ánimo no son puros ni universales, sino que se sostienen en el marco general de referencias éticas y estéticas que manejan los individuos, y los individuos se agrupan, forman vínculos y, al compartir sus estados de ánimo, crean convenciones sobre qué y cómo sentir, y muy especialmente, cómo expresar lo sentido. De tal manera que si quieres vender estados de ánimo tienes que acudir a los espacios donde se desarrollan sus ritos sociales y allí los vendes a grupos ya establecidos a los que puedes abordar con ciertas convenciones, o si eres muy poderoso o empecinado o carismático, configuras directamente esos grupos, les das un lugar y les dictas una sensibilidad que estén dispuestos a suscribir. Para dirigirte a esos grupos necesitas etiquetas que los distingan de otros. Y en todo caso necesitas comunidades. Gente con cosas en común.


En algún momento, no sé cómo exactamente, las etiquetas tomaron el control. Propongo na mesa de tres patas: por un lado parecen mayormente desarticuladas las redes de espacios cotidianos para la realización de ese rito social que es la música en vivo (cuyo peso en el imaginario ha disminiudo), por otro vemos que canales tradicionales para la formación de tejido socio-musical (como la radio) están apostando por sostenerse por la pura prosa, con un uso meramente comercial o incidental de lo musical, y finalmente esa naturaleza propia de la internet que pareciera una página de Excel matriushka fractal, en la que las cajitas tienen nombres y rutas y otras cajitas y es muy fácil encontrar y muy fácil perderse.


#Gaitazo

Para colmo de males las disco-tiendas hace tiempo que no existen, las disqueras se desmaterializaron, sin aviso desaparecieron esos monstruos que nos querían etiquetar, como a vacas marcadas y así quedamos cimarrones todos los músicos a la buena de Dios el en la sabana infinita de la internet. Lo que no cambia es que los músicos siempre necesitan público, necesitan comunidad, y la comunidad necesita constantemente nueva música que se adecúe a la cambiante sensibilidad de su ánimo y su identidad. Necesitan crear sus propios cumbes. Así las cosas el poder de convocatoria recayó cada vez más en las etiquetas. Hay un concierto de #Punk, hay un #gaitazo, hay un #templetedesalsa, ven a la matiné de #raptorhause, etc.

Las etiquetas quedaron como lugares virtuales y vagabundos, por ahí, buscando recolectar música y gente para reunirlos en el momento sagrado del placer estético. Las crean los músicos, los oyentes, las acuñan siempre cuidando que tengan su mascarita de # para que se las pueda reconocer entre la multitud de las palabras. Algunas son #joropunk o #jororock o #tuyerock y otras tantas. Las etiquetas nos reúnen, pero ¿qué significan? ¿cuál es el alcance de su validez? ¿a qué apuntan exactamente? Veo venir más páginas persiguiendo a estas preguntas, pisándoles los talones.

Si quieres colaborar también con reportajes, reseñas, escritos y opiniones, envíalas a reyzamurocolectivo@gmail.com


jueves, 20 de marzo de 2014

Zoom Soon Bao: de las calles para el mundo


Dejar Salir Es Entrar Más Rápido cover art


La música venezolana viene de la fusión. En ella se mezclan sonidos de tres culturas: la europea, la africana, y la americana, en este último caso de los indígenas venezolanos. No tiene nada de descabellado, entonces, que la música venezolana evolucione,y se siga fusionando con otros estilos musicales. Nuestro folklore, por ejemplo,  se puede mezclar  con ritmos electrónicos, con estilos como el rock e incluso, el hip hop.

Algo en esa onda es lo que viene haciendo desde 2008 el compañero Andrés Moncada Frómeta, un paisano venezolano que ha vivido en otras partes del mundo, con su proyecto Zoom Soon Bao, en el cual el ha estado siempre presente.

Andrés Moncada, desde sus inicios, ha contado con la colaboración de músicos de diversos países, tales como Italia, Argentina, Ecuador, México, y por supuesto, Venezuela.

Actualmente Moncada Frómeta reside en este país, y cuenta con un line-up 100% venezolano. Junto a Moncada Frómeta está también gente como Alvaro Pardey, músico y DJ, responsable de los arreglos de percusión, y Elisa Cardona, que no es músico, sino colaboradora en la parte visual, y se encarga de la proyección de imágenes en los conciertos del grupo.

Algo interesante del proyecto Zoom Soon Bao es que se presenta mucho en la calle, busca acercarse a la gente tocando en pueblos y zonas populares, saliéndose del típico circuito de bares y locales rockeros predominantes en la capital.

Entre los géneros folklóricos que utiliza Zoom Soon Bao están el sangueo de cata, la gaita de tambora, la tonada y hasta el joropo. Todo eso fusionado con géneros como el hip hop, el techno, el drum and bass y el chill out.

Zoom Soon Bao utiliza incluso sonidos acústicos, provenientes del quitiplás, de tambores como el mina y por supuesto, del cuatro.

Los dejamos entonces con el tema “2057”, del album de Zoom Soon Bao titulado “Dejar salir es entrar más rapido”., Un título que se inspira, por supuesto, en la frase que escuchan a diario los usuarios del metro de Caracas.

Este disco puede ser descargado en internet, junto a los otros tres trabajos - en formato EP- que tiene esta agrupación. La canción que escucharán a continuación, con una letra tan criolla como futurista, mezcla techno con golpe de san millán. Ruédalo compa.




Texto extraído del programa El Llanero Eléctrico Presenta, con Germain Coronado transmitido de Lunes a Viernes a las 5am en 107.3 La Megaestación, en el marco de los Jueves de Vanguardia. Libreto: Ernesto Soltero.



jueves, 5 de julio de 2012

CAMPESINOS RAP: Hip-Joropo dese Apure



Desde que nuestro Perucho Conde grabó por principios de los ochenta el tema “la cotorra criolla” reconocido como el primer rap en castellano al menos para nosotros los venezolanos el hip hop en Venezuela ha tenido particular desarrollo, teniendo un vacío en gran parte de esos ochenta y los noventa para reaparecer con mucha fuerza y difusión a finales de los 90’s con la corte y ahora un sinfín de exponentes y propuestas que han fortalecido el movimiento. Casi la gran mayoría de los exponentes predominantemente viven en la urbanidad, pero hay un dúo muy particular que nos recuerda ese rap genial, jocoso y provinciano de Perucho que aunque Caraqueño, su lírica y estilo más bien parecía que venia del llano en realidad y aunque muchos se han puesto la etiqueta así mismo de “verdadero rap criollo” nosotros queremos dejarles este articulo basado en el trabajo de dos compitas que rapean desde Elorza Estado Apure para que saquen sus propias conclusiones. 

Los campesinos rap se dieron a conocer por lo exitoso de un video clip publicado en youtube que ya tienen mas de setenta mil reproducciones que además no fue muy planificado pues fue el resultado de un compartir en la finca de un amigo, estaba la Handycan, un reproductor y se demuestra que cuando hay algo que decir musicalmente y de aptitud, se puede masificar una propuesta. Campesinos rap son: Reynaldo y Pablo que comenzaron como B-boys y cuando sus paisanos los veían parados de cabeza-típico de los breackdancer- les decían “Hay están los coletos, limpiando el piso de las calles, parecen una mata e’ topocho”, podría decirse que eran los únicos que practicaban este arte en Elorza criollita y fueron conociendo poco a poco exponentes del hip hop por medio de un familiar que visitaba el pueblo en vacaciones pues en las radios de allá suena joropo las 24 horas del día por tanto que era la forma de saber de la cultura urbana y si de internet se habla, pues menos, en palabras de ellos el internet en Elorza comentan: “Aquí no hay Internet  compa. Sino el del infocentro pero más rápido es un morrocoy renco” Sin embargo Reynaldo y Pablo como todo buen muchacho llanero se arrimaban y se siguen arrimando a los parrandos típicos con arpa cuatro y maraca y eso más bien lo han tratado de incorporar a su música, pero lo más interesante es que los Campesinos Rap conservan en sus letras y puesta en escena lo dicharachero de los llaneros, ese humor muy propio y se puede decir que algunos temas son como pasajes donde ellos siguen pintando el llano y sus vivencias como sucede en la música llanera pero en clave de hip hop pero también esa picardía y particular forma de contar las historia propias de los habitantes del llano Venezolano.

Los campesinos rap tienen casi tres años como dúo y aunque han sido pocas las presentaciones fuera del Apure han sido muy contundentes pues, desde su vestimenta criolla hasta la forma de cantar y contar los hace muy particulares pero cabe destacar que al verlos actuar nos damos cuenta que no hay poses, no hay libretos, no imitan a nadie, son genuinos, honestos y naturales. Entre esas presentaciones cuentan en las mismas fiestas criollas de Elorza sin que esto amerite un abucheo por ser raperos en el llano, mejor aún, cuentan con el apoyo de su gente aunque hubo alguna que otra incomprensión de pocos radicales al principio, mas que todo por ignorar de que se trata el rap. Han estado en San Cristóbal y en Caracas en la cumbre del Hip hop, en el festival de Joropo que organiza PDVSA La Estancia-donde tuvimos la oportunidad de verlos actuar- y en dos plantas televisoras de la capital del país. De estas visitas de Campesinos rap en Caracas nos comentan: “Las experiencias q hemos tenido yendo a la capital han sido muchas, y todas muy agradables, nos gusta mucho ver esos edificios grandísimos, el metro, las mujeres ni se diga, y toda su gente, aunque confesamos sinceramente que cuando estamos allá anhelamos regresar rápido para Elorza porque extrañamos la tranquilidad nuestro pueblito”. Estos raperos criollos en sus actuaciones se quedan sin un demo en la mano pues el público se abalanza para comprarlo, allí están varios temas entre los que destaca el tema del video “No compares” una versión del tema “añoranzas” compuesta por uno de nuestros máximos exponentes de música llanera como lo es Jorge guerrero quien es Elorzano también y que accedió a permitirles a los raperos esta versión sin ningún reparo. Hace más de un año que trabajan con equipo de panas que los ayudan en la difusión, en las pistas como el caso de Roberto Diaz, Beatmaker y  productor musical de Hip Hop quien es el tercer Campesino rap y la gente del estudio La base secreta en San Fernando de Apure.

Los planes de campesinos rap es grabar una producción musical completa y seguir presentándose para llevar el hip hop Apureño y llanero tratando de incorporar en ese trabajo los instrumentos tradicionales llaneros a lo que ellos dicen: “ no es nuestra intención reemplazar el joropo por el Hip Hop, jamás y nunca, mas bien queremos enaltecer nuestra música usando el talento q tenemos, no sabemos tocar arpa pero si sabemos rimar sobre un beat de rap, y así , de ese modo hablaremos de la idiosincrasia de nuestro pueblo.