Plataforma de investigación y divulgación de la fusión en Venezuela, abarcando géneros híbrido como Onda Nueva, Jazz-fusión, Joropunk, Tuye-rock, Etnotrónica, Blues criollo, Ska de acá, Rap criollo, etc. Ocasionalmente hablamos del mestizaje musical en otras partes del mundo.
Más de 22 artistas colmarán el pueblo de El Hatillo el fin de semana entre el 30 de septiembre y el 2 de octubre con la décimo tercera edición de El Hatillo Jazz Festival.
Para esta edición, se suman más de 8 restaurantes de la zona para unirse a la programación y oferta del Festival. Entre ellos se encuentran: La Beat Entente, Jaleo Restaurant, y El Ajillo. De igual manera, este año se unen las embajadas de Italia, Francia y Perú y proponen a los artistas Freddy Adrián Sexteto, el saxofonista italiano Carlos Actis Dato, el guitarrista peruano Freddy Guzmán y el francés Laurent Lecuyer. Entre los artistas nacionales seleccionados para esta edición están Gerry Weil Trio, Pepperland, Prisca Dávila y Caracas Sincrónica.
También, este año se contará con una previa al Festival a partir del sábado 24 de septiembre al jueves 29 de septiembre a las 6:30 pm todos los días con la proyección de películas en alianza con la Embajada de Estados Unidos y la Fundación Margot Benacerraf.
El Hatillo Jazz Festival tomará la plaza Bolívar de El Hatillo, el Centro de Arte de la Alcaldía y el piso 5 del Centro Comercial Paseo El Hatillo, aparte de la alianza con los restaurantes de la zona.
Dos propuestas musicales muy interesantes se presentarán este 25 de Septiembre, y lo mejor de todo, no hay razón para perderse ninguna.
A las 11 de la mañana Humberto Scozzafava, integrante (y alma musical) del proyecto nu jazz La Provisional estará en Los Galpones, remezclando en vivo temas de cosecha propia incluidos en su primer (y hasta ahora único) trabajo, Estación Espacial Caracas. Para quién no conoce el trabajo de esta banda, suenan, en sus propias palabras , "como si si Daft Punk, Herbie Hancock y Pérez Prado hubieran trabajado juntos creando música". Entrada libre.
A las 5 pm se darán cita, esta vez en el Centro Cultural B.O.D. el cuatrista Edward Ramírez y el cantautor Rafa Pino, quienes estarán presentando su primer álbum en conjunto, El Tuyero Iustrado. Se trata de un trabajo que continúa con la línea de joropo central de vanguardia presente ya en otros trabajos de Rafa Pino, y el álbum solista de Ramírez Cuatro, maraca y buche. El cuatro punteado, poco usado en la música tuyera actual, es rescatado por Ramírez, quién lo procesa a su vez con efectos de guitarra eléctrica. El ticket tiene un costo superior a las 4 mil Bs.
Dos excelentes opciones para los amantes de la tradición, como también de la innovación.
Más cerca del Mississipi que del Guaire, acompañado por el instrumento típico nacional, Gelio Arturo Acosta, conocido popularmente como “Gasolina” es el mejor exponente – quizás el único – del blues al estilo criollo. Antes de leer te pedimos un favor: no pienses en Daddy Yankee.
Alguna vez llegaron esclavos a Norteamérica. Venían de África, trabajaban en las plantaciones, y a diferencia de sus hermanos radicados en Sudamérica, fueron despojados totalmente de su cultura. En países como Venezuela, al menos, pudieron reconstruir sus tambores. Pero allá, en el territorio que luego sería llamado Estados Unidos de América, tuvieron que aprender a tocar los instrumentos de sus amos.
Hay historias que se asemejan aunque exista una distancia no sólo geográfica. Es el caso de Gasolina, trovador callejero quién, al igual que los cantantes de blues del sur de Estados Unidos, aprendió a expresarse con el instrumento que tenía a su alcance. Y fue precisamente blues, aunque también soul, lo que comenzó a ejecutar con un instrumento autóctono evidentemente atípico dentro del folklore estadounidense: el cuatro venezolano. El resto del cuento, por supuesto, no es tan trágico, nuestro amigo nunca fue víctima de la esclavitud.
Parte 1: El primer encuentro
Había buscado al Señor Gelio “Gasolina” Acosta por un par de semanas. Meses atrás, alguien me había mostrado un video de youtube, en el cual el cantautor interpretaba su tema La Velocidad del alma. Recordé al folk con tintes negroides del gran Richie Havens y aunque luego supe que el protagonista de esta crónica no había escuchado (al menos de manera consciente) al intérprete de la canción Freedom, había algo similar. Ambos cantautores aprendieron a tocar sus respectivos instrumentos de manera autodidacta, y así crearon su propio estilo.
Luego de escuchar una única canción, decidí buscar al personaje, gracias a la iniciativa de mi novia, quién había quedado encantada, al igual que yo, con su música. El siguiente paso fue buscarlo por la zona de Bellas Artes (Caracas) sin mucho éxito. Días después, lo conseguí de casualidad por el casco histórico de la ciudad. “¿Es Ud. Gasolina?” le pregunté, y la respuesta fue afirmativa. Así lo llaman desde Febrero del ´89, cuando compuso una canción satírica sobre el aumento del combustible.
Parte 2: Un recital informal
Cuadrar un encuentro posterior con Gasolina no fue muy difícil. Una llamada telefónica bastó para ello. La cita se fijó para un Sabado en la tarde, en una tasca cercana a la Plaza Bolívar de Caracas. Pero el encuentro no fue en realidad una entrevista. Fue más bien una convivencia. Recordé aquéllos trabajos de campo en la universidad, en los cuales de nada servía hacer registros fotográficos o de audio sino se vivía la experiencia.
Gelio “Gasolina” Acosta, el blues-man de las cuatro cuerdas, se encontraba en su entorno natural. Allí, en el casco histórico de la capital, suele saludar no sólo a sus colegas músicos, sino a personas que conocen su trabajo y lo tutean por su sobrenombre “¿Epa Gasolina?¿cómo está la vaina?” le dicen. Pero en esta ocasión se encontraba ganando nuevos adeptos, y sus nuevos seguidores terminaron comprándole un CD. Es lo que llaman un “quemaíto” (un cd grabado caseramente), pero aunque cuesta 50 BsF, vale la pena. En internet apenas se pueden ver un par de videos sin la calidad de un estudio de grabación.
Gasolina había salido por un instante del restaurant La India para recibirnos. Entramos, y supimos que ya tenía rato mostrando sus canciones. En la mayoría de las mesas se bebía cerveza, en unas cuantas se comía, pero la fiesta era sólo en una de esas mesas. Una pareja celebrando su aniversario de casados le pedía canciones al trovador. No sólo tocó canciones propias, sino también boleros y algo del Tío Simón.
De esa manera lo conocimos, sin poder cumplir con el protocolo típico de una entrevista. Estaba allí, gritando como James Brown, tocando cuatro acordes y adornándolos, volteando además su instrumento para golpearlo como un tambor, incorporando algunos silbidos y percusión vocal. Ni a los comensales ni a los dueños del restaurant pareció causarles molestia. Probablemente ya estaban acostumbrados al ritual.
Intentamos conversar con Gasolina, y algo logramos, aunque prefirió hablarnos de política (particularmente un proyecto de viviendas de su autoría que lo tiene obsesionado) o echar chistes que responder preguntas sobre sus canciones De todas maneras, logramos saber que tenía cuatro décadas cantando, que había escuchado muchos temas de blues y soul sin saber quiénes eran sus intérpretes, y que nadie le había enseñado a tocar el cuatro. También nos dijo que no consideraba que la música negra estadounidense fuera estadounidense.
Gelio Acosta “Gasolina” tampoco está muy enterado acerca de la fusión venezolana actual, pero conoce a una banda llamada Toberías porque los vio en el paseo Los Próceres. Acaba de enterarse de que mi grupo existe, y le enseñé un par de canciones. La laptop de su hijo y la conexión wi-fi nos ayudaron bastante.
Parte 3: Intercambio de papeles
Un par de horas después se terminaba el recital informal de Gasolina. Sus nuevos amigos se despidieron cordialmente de él como si lo conocieran de toda la vida. Nosotros (es decir, mi novia, una colaboradora de Corriente Alterna, y yo) estábamos dispuestos a marcharnos hasta que el cantor callejero nos invitó a una emisora de radio comunitaria ubicada a media cuadra. En menos de quince minutos, asistimos a una entrevista que no estaba preparada, e incluso, pasamos a ser parte del grupo de entrevistados.
Gasolina interpretó de nuevo sus temas, y habló, nuevamente de un proyecto de viviendas que parece obsesionarlo. Nosotros hablamos de Corriente Alterna, y a la vez, aproveché para conversar sobre mi banda mientras colocaban nuestros temas. Pero Gasolina se robó el show, y al parecer su visita era hábito. Nuevamente interpretó el tema del cual derivó su nombre artístico, aclarando que había sido hecho para otro presidente, hace más de 20 años. En ese momento, ya el tema se nos había pegado a la cabeza.
4.El final
Pero nada dura para siempre. La entrevista – o la convivencia –tenían que terminar en algún momento, y ya era de noche. Más de uno tenía que irse a su casa. Le quedamos debiendo uno de sus cd´s “quemaítos” pero a decir verdad, no nos imporyo muchos. En tiempos de indie-rock, autotune y neofolklore enlatado, nada mejor que conocer a personajes como Gasolina, cuyo sonido no sólo tiene el potencial para enganchar a un gran público, sino que puede resultar imperecedero. El secreto está en que su música carece de oportunismo. A veces el público necesita acercarse a la realidad.
Artículo publicado originalmente en Octubre de 2011 en el portal Corriente Alterna.
Escucha a Gasolina en nuestra Lista de Reproducción de Jazz y fusión venezolana
La
salsa no es un género venezolano. A pesar de sus influencias
afro-latinas, algunos la consideran newyorkina, aunque por supuesto,
es una creación de la diáspora caribeña (en especial
portorriqueña) residente en la Gran Manzana. Quienes cuestionan esa
tesis, argumentan que se trata en realidad de música afrocubana
(guaracha, mambo, son o guaguancó) con un nombre más comercial , tocada
por músicos no necesariamente cubanos
Pese
a lo dicho en el párrafo anterior, sería injusto catalogar a la
salsa como un mero plagio, o como una etiqueta atractiva y vendible
que engloba a la música de Cuba. Quien escuche discos editados por
sellos como Fania, a partir de los años ´60 y ´70, debe reconocer
las innovaciones, tanto en la producción como en la instrumentación,
incorporadas en ese tipo de ritmos desde aquel momento, incluyendo
influencias de la música negra estadounidense, o el uso del trombón
en lugar del saxo. Eso es la salsa.
Por
si fuera poco, el género tiene un vínculo fuerte con Venezuela.
Siendo un país con marcada influencia afrodescendiente, Venezuela
está más unida al Caribe que con los pueblos hermanos de
Surámerica. Fue aquí , en tierras de Bolívar, donde un locutor
llamado Phidias Danilo Escalona le colocó nombre al género. Otro
criollo, el músico Federico Betancourt, lo utilizó por primera vez
para promocionar un disco. Hecha esta introducción, para justificar
el artículo dentro del blog, sigamos hablando de salsa, pero también
de teatro.
El
monólogo de “El Cantante”
El terror de Míster Taquilla.
Una obra teatral, casi un musical,
está extendiendo sus funciones luego de una exitosa temporada. Está
basada en un monólogo de Edgar Borges, escritor venezolano radicado
en Madrid. Se trata de Lavoe contra Lavoe: La Tragedia de El
Cantante, pieza que se basa, por supuesto, en la vida del salsero
portorriqueño Hector Pérez, conocido popularmente como Hector
Lavoe.
Este montaje escénico, dirigido por
Erika Pacheco, parece más bien un espetáculo mixto. Cuando Lavoe
(es decir, Carlos Añez) tiene que hablar, habla, y cuando tiene que
cantar, canta. La música y los diálogos están tan separados, que
parecemos presenciar una obra de teatro y luego un concierto. Si
quitamos la parte musical, la obra podría ser un monólogo, de no
ser por la intervención de un personaje bastante aguafiestas: Mr.
Taquilla (Alejandro Palacios) quién representa lo peor de la industria
musical. Este tipo de personajes de pesadilla son interesantes, acaso
contradictorios, ya que son una crítica al mundo del espectáculo
desde el mundo del espectáculo. Otro personaje anecdótico aparece casi al final, aunque carece de parlamento: se trata de Yaky Macho (José Félix Armas) el "clon" de Lavoe.
"Mira lo que logré papá: la fama"
Carlos Añez hace una interpretación
convincente al representar a Lavoe. Su acento portorriqueño, con su
“cantaíto” caribeño y sus anglicismos suena bastante
convincente. Lo mismo se puede decir de Alejandro Palacios al representar a
su personaje ficticio. Ninguno de estos artistas histriónicos
proviene de la isla, pero logran hacernos dudar de su verdadera
nacionalidad.
La obra se sitúa en los últimos días
del conocido cantante boricua, quién, desde la soledad de una
habitación, comienza a hablar de su vida con los espectadores.
Muchos de los hechos narrados se basan en la realidad, aunque son
contados de manera fabulada. Uno de los sucesos relacionados en la
ficción con el Madison Square Garden, por ejemplo, corresponde en la
vida real a un concierto (suspendido) en Puerto Rico a finales de los
´80.
La cabilla suena en vivo
Luego de un momento no muy largo, la
pieza deja de ser una muestra de talento actoral, y se convierte en
una muestra de talento musical. Carlos Añez demuestra entonces que
no sólo tiene cualidades histriónicas, sino que posee las
cualidades vocales de un buen sonero. Su canto es acompañado por una
orquesta de siete músicos, bastante duchos en la ejecución de sus
instrumentos, quiénes interpretan continúamente piezas emblemáticas
en la carrera de “la voz” de Borinquen. Se entiende que la obra
es una reinterpretación, pero sería interesante, por ejemplo,
aplicar un vestuario a los músicos acorde a la década de los ´70.
Tanto en la parte actoral como en la
musical hay interacción con el público. Temas como Periódico de
Ayer, Todo tiene su final, Te conozco, Linda o Mi Gente son
interpretados por Carlos, en su papel de Lavoe, pese a no ser
idéntico físicamente, parece una proyección holográfica de “El
Cantante”. De cierta manera hay algo de happening o performance,
una improvisación musical y actoral que quizás rompe un poco con el
libreto original de Edgar Borges, y convierte a cada representación
en una obra única.
Un artista entregado a los fans.
Luego de dos horas de música e
historia, concluímos que ha valido la pena presenciar el
espectáculo. Ha sido similar a una noche en “El Maní” (conocido
local salsófilo caraqueño) aunque, lamentablemente, se echa de
menos la compañía de un buen trago. Cuando el público (ese que
tanto amaba Lavoe en la vida real) hace su ovación de pie, hace rato
que ya no ocupa sus asientos. Si hubo algún homenaje en la obra no es para Hector "El Cantante", sino para el público que tanto amó.
Más
sobre la obra
Edgar Borges, el autor de la obra, es
un escritor y periodista con varios reconocimientos, siendo quizá el
más importante el primer lugar del Premio Internacional de Novela
Albert Camus. Fuera de la novela y el teatro tiene otras
publicaciones relacionadas con la salsa. Una de las más notorias es
Vínculos, Apuntes con Rubén Blades donde
aparecen correos intercambiados con el cantautor panameño.
La
pieza Lavoe contra Lavoe, la tragedia de El Cantante estará
presentándose en el Centro Cultural B.O.D. (La Castellana) los días
viernes, hasta el día 9 de Septiembre. Próximamente será
escenificada en otros estados del país, como Yaracuy y Carabobo. Se
espera además mostrar el espectáculo internacionalmente.
Hoy a las 7pm se presenta Germain, mejor conocido como El Llanero Eléctrico. Será en el Centro Cultural Parque Central (Café Sur 21), en el Marco del 4to Mercadito de Diseño al Parque. La presentación de El Llanero servirá par clausurar el evento, ya que este está pautado para terminar a las 8 de la noche. El local está entre las dos torres de Parque Central (Caracas,ojo), Nivel Urdaneta.
El programa radial El Otro Rock, transmitido a través del website Equilibrio.net, transmitirá hoy 17 de Agosto, a las 8pm (hora venezolana) una entrevista a la cantautora venezolana Yva las Vegass, residenciada actualmente en la ciudad de Nueva York.
Con más de 3 décadas de residencia en Norteamérica, con incursiones en géneros como el punk-rock, el grunge y la world music, Yva actualmente cultiva su partícular visión de la música popular venezolana, formando parte del staff de artistas del sello Moniker Records, ubicado en la ciudad de Chicago.
Es recordada por muchos por participar en la agrupación de rock alternativo Sweet 75, junto a Kris Novoselic, de Nirvana, en la cual aportó influencias musicales propias de su país, además de ser compositora de la mayoría de los temas. Su álbum solista de 2012, I was born in a place of sunshine and the smell of ripe mangoes, fue bien recibido por los medios alternativos estadounidense, hasta el punto de ser considerado uno de los mejores de ese año, según emisoras como NPR.
Para escuchar la entrevista, basta con hacer click en el siguiente enlace. Recuerden sintonizarla en horario venezolano.
¿Qué nos viene a la mente cuando hablamos de fusión con música étnica? Generalmente pensamos en estilos como el jazz latino o quizás música electrónica estilo chill out. Pero rara vez pensamos en el rock. El rock es producto de la fusión. Nació en los años ´50 (o tal vez antes) cuando se mezclaron estilos como blues y la música country. Hereda elementos de la música popular europea y africana. A partir de los años ´60, con la llegada de la onda psicodélica, incorporó influencias más exóticas. The Beatles, por ejemplo, agregó a su propuesta elementos musicales de la India. Pero además, Carlos Santana también experimentó con la música afro-cubana. Miles Davis, quien había participado en revoluciones jazzísticas como el be bop y el cool jazz,encendió la mecha del jazz-rock. El rock progresivo de los ´70 abrió más caminos a la experimentación, y en Venezuela tuvimos a un Fernando Yvosky y a un Vytas Brenner que le dieron sonoridad criolla al género.
Pero el rock-fusión no es patrimonio exclusivo de hippies o rockeros progresivos. Tampoco es algo que sólo se atreven a hacer músicos de ska y reggae como Desorden Público y Fabulosos Cadillacs. Existen músicos de estilos más estridentes como el rock alternativo y el rock pesado que también se acercan a la música afrocaribeña ¿y por qué no? venezolana.
En los años ´90 tuvimos experimentos aislados como el hardcore metalero y salsoso de Laberinto o el grunge con elementos criollos de Sweet 75, proyecto que unió a la venezolana Yva las Vegass con Krist Novoselic, ex-bajista de Nirvana. Más allá de las versiones nefastas hechas hace casi 10 años por bandas oportunistas que querían sonar ajuro en la radio por medio de la ley RESORTE, hay agrupaciones venezolanas actuales que están experimentando con el rock más estridente y los sonidos más autóctonos.
Esta semana les tenemos tres ejemplos muy bueno que representan la actualidad de la fusión en Venezuela. En primer lugar Mirada Interna, una curiosa agrupación del estado Mérida cuyo sonido está más cerca de la costa que del páramo. El ritmo de los tambores afrovenezolanos se mezcla con guitarras distorsionadas, aunque también algo de jazz y electrónica. Puedes leer y escuchar sobre ellos en el siguiente enlace.
Pero además, hicimos una reseña del recital más reciente de Germain, "El Llanero Eléctrico", quién reinterpreta clásicos del rock, como Radiohead o The Doors, con la ayuda de su cuatro eléctrico.
Otro que tiene tiempo tocando y aparece en nuestro blog es Abraham Sarache, radicado actualmente en Holanda. Tiene más de 10 años experimentando con el cuatro eléctrico, procesando su sonido gracias a la tecnología, y haciendo que suene con la potencia de una guitarra rockera. Su álbum debut como solista suena, de hecho, bastante pesado, y puedes leer sobre él aquí.
Pero quizás palabras como "rock", "jazz", "fusión" y "metal" no son más que etiquetas para encasillar cualquier cosa. Al menos así lo ve Armando González, de la agrupación Los Tercios. Puedes leer su artículo de opinión publicado en nuestro blog.
Como siempre, te recordamos que puedes colaborar con cualquier tipo de material sonoro o escrito, siempre y cuando se relacione con la fusión venezolana.